viernes, 22 de febrero de 2008

ME ESTOY HACIENDO MAYOR, INEVITABLEMENTE

Me estoy haciendo mayor, esto es además de una perogrullada, una auténtica realidad.
Mayor, me guste o no.
Pero esque es algo en lo que pienso todos los días, o casi todos.
Aunque en realidad estoy en el punto medio (intermedio, gege).
En realidad, todo depende de según cómo se mire (ya lo dice la canción).
Resulta que hay gente que me trata de “usted”, otras personas me llaman “señorita”, otras veces “chica”, y en otras ocasiones “señora”. Y claro, tengo un lío, no sé si soy señora o señorita. Sí que es verdad que no sólo depende de la educación del que se dirige a mí, creo que depende de la edad del que lo hace.
Pero, independientemente (o no) de cómo me vean los demás, yo veo que soy mayor. Sobre todo cuando subo en el ascensor con mi hija y me miro al espejo junto con ella, dicen que somos casi clones, pero veo que ella emerge y yo me voy sumergiendo en este río vital.
Recuerdo que mi madre, a mi edad actual, me parecía toda una auténtica “vieja” (con perdón, ella no me lee, pero da igual) e incluso una señorona. Y yo, me plantifico el chándal, las deportivas y el coleto y hala que me creo una chavalita, que esque me lo creo.
Y después por ejemplo, enciendo la televisión para ver el telediario, cuando lo hago de ciento en viento, y tal vez debe ser por eso, porque de repente me doy cuenta de que antes los locutores eran además de viejos, feos y rancios (o a mí me lo parecían). Y ahora, todos (casi) son jóvenes y de buena presencia, esque son más jóvenes que yo, y los presentadores, y los profesores de mis hijos, y los que están en las ventanillas de los bancos y en las tiendas…
Y, yo veo que en el fondo no sé si será que busco seguridad (siempre me gustó la gente mayor que yo, no sé si será que esto me lo marcó el rol de hija menor) pero el caso es que la gente más joven que yo no me inspira del todo confianza.
Y, definitivamente, me estoy haciendo mayor.

http://songza.com/z/2jdhob

miércoles, 20 de febrero de 2008

las llaves de casa

Recuerdo que a la edad de nueve años más o menos empecé a tener libertad de movimientos, es decir, iba y venía ya sola del colegio.
En aquellos tiempos no existía el portero automático, todo lo más había uno humano, que se instalaba en el portal en una especie de quiosco, donde tenía prensa, radio y alguna postal de alguna virgen o de algún santo. Alguno en navidad hasta adornaba su garito.
Pues bien, cuando yo llegaba a casa, mi madre había dejado las llaves debajo del felpudo, era algo natural y normal, cuando no había nadie en casa. Yo, lo primero que hacía era levantarlo y allí estaban. En la cocina solía haber un bocadillo de membrillo, chorizo o mortadela. Y mientras me comía el bocadillo escuchaba a Elena Francis.
Ahora me ha tocado a mí, cuando mi hija tenía doce años calculé que era el momento de dejarle las llaves. Dado que yo tengo portero, automático, y que a veces no estoy en casa, se las di. Para ella, fue darle su independencia y para mí, en cierta forma, también.
Esa sensación de dar libertad, como madre, es liberador y descansado en cierta forma, aunque también da el vértigo de saber que a partir de ese momento das otras cosas, con las llaves van muchas más cosas.
Todo esto me vino a la cabeza porque el otro día leí el tema de "los niños de las llave", son esos niños que les dan las llaves y con ellas les dan el abandono, la soledad...
Creo que una de las muchas labores y responsabilidades que tenemos como padres es darles la libertad y enseñarles a usarla. El hecho de que ellos puedan hacer cantidad de cosas solos no deben impedirnos estar pendientes de ellos.
Creo que hay mucha dejación a estos niveles. Creo sinceramente que a la edad de doce, trece...y unos años más nuestros hijos nos necesitan casi tanto o más que cuando son bebés. Es una necesidad diferente. Ellos cierran las puertas de sus cuartos y de sus oidos muchas veces. Pero creo que necesitan nuestra presencia.
El hecho de saber que estamos ahí. Estar en la retaguardia lo llamo yo. Estar sin que se note.
Son "mayores" pero siguen siendo pequeños.
Dar las llaves es dar la libertad pero en el llavero hay que meter también mucho amor.

martes, 19 de febrero de 2008

DORMIR BIEN

He vuelto a recuperar el sueño.
¡Qué maravilla!
En líneas generales (exceptuando mis otitis nocturnas) más o menos hasta los veinte años he dormido como los propios ángeles.
Después empezaron a venir las comeduras de coco, ésas que ahora con los años te producen hasta risa pero que yo al menos a los veinte me las tomaba muy en serio.
Esas trascendencias, esos amores frustrados, esas preocupaciones de los 20 y esos problemas que hacen que descubras que hay una vida ahí esperándote, y esas responsabilidades que llaman a tu puerta y te dicen que tienes que ocupar un sitio. Debió ser que en esa edad empecé a tomar las riendas de mi vida y a darme cuenta de que me tenía que empezar a buscar la misma.
Hasta entonces mi vida había sido, digamos, feliz, me había dedicado a estudiar (en eso no tuve problemas, la verdad, he de reconocer que me gustaba) y a pasarlo lo mejor posible, he sido, se puede decir, una "juergas".
Unos pocos años después vinieron los hijos, y ya se sabe hasta que ellos acostumbran a dormir de un tirón, se pasan noches en vela, al principio porque sus estómagos requieren ser rellenados con el alimento que la naturaleza le coloca a una en el cuerpo y que la hace sentirse como un depósito de gasolina y después porque se ponen malos, tienen pesadillas...
Cuando se fueron ellos acostumbrando a dormir toda la noche seguidita, empecé a ser yo quien noté que me despertaba varias veces en la misma. Entonces fueron años de dormir realmente fatal, y lo peor no era no dormir, lo peor eran los pensamientos que se apoderaban de mí durante la noche, los cuales se desvanecían con ella y cuando empezaba a amanecer y sonaba el despertador era cuando estaba totalmente dormida. Decidí acudir a la química, aconsejada creo que bien por una amiga médico, también probé con la relajación, el deporte...y mejoré pero seguía teniendo noches de insomnio, el silencio de la noche era únicamente violado por los ronquidos del susodicho (él dice que yo también ronco) y por los come-come de mi coco.
Y así hasta hace unos meses que por arte de birlibirloque he vuelto a dormir de un tirón, y es una felicidad, por una parte a veces pienso que me da rabia depender tanto de Morfeo, pero es que lo necesito para vivir.
Una noche de buen dormir es un día de vivir mejor.

lunes, 18 de febrero de 2008

LAS COSAS DE LA VIDA

A veces la casualidad, el estar en el momento oportuno y en el sitio adecuado.
A veces la sensibilidad.
A veces la química.
A veces la fuerza energética que tenemos los seres humanos.
A veces, tantas veces.

Y me sigo sintiendo viva.
Y le sigo dando gracias a Dios, no sé a qué Dios, no sé a dónde Dios; pero siempre he sentido una fuerza interior que en determinados momentos eleva mi mirada hacia el infinito (y más allá).
Esa fuerza me hace sentir viva.
Viva, en un mundo tan puramente muerto e inerte tan a veces.
Viva, en un mundo de luchas, de puñaladas, de miradas, de rutinas y de estupideces.
Y sigo creyendo en la vida porque sobre todo me siento viva y no puedo creer en nada ni en nadie que antes no haya pasado por mis tripas.
Cuando algo o alguien me transmite, eso me llena y me da fuerza para creer en mí, en la vida y en los auténticos valores que al fin y al cabo me empujan aunque me hagan sufrir y aunque muchas veces los traicione.

Hoy ha sido un correo de "Gracias", alguien que casualmente ha puesto el destino en mi vida, alguien que probablemente no hubiera encontrado si no hubiera sido por esas cosas de la vida...
Y me halaga, y me hace sentir viva, y me hace creerme mejor persona (humildad, a Dios le pido), sólo por eso Maite, hoy, un lunes de febrero me merece la pena vivir.
Y te devuelvo automáticamente el "Gracias" porque dándomelas tú a mí rebotan de inmediato como una pelota sobre un frontón hacia la raqueta.
Gracias a ti y suerte.
http://serpientenilo.blogspot.com/

domingo, 17 de febrero de 2008

LOS DOMINGOS

Siempre me han gustado los domingos.
Sé que a la mayoría de la gente le deprimen.
Pues a mí no.
Me siento, sobre todo a estas horas de la noche, con energía.
Normalmente, se supone que he descansado el fin de semana. He dormido, y he recuperado horas de sueño. Y estoy realmente descansada. A mí el descanso físico me ayuda a ver las cosas más claras y mejor. El dormir, como digo yo, me carga pilas, me carga de energía.

Tengo la suerte de desconectar fácilmente, y el fin de semana me sirve para poner distancia a los problemas cotidianos de cada día, sobre todo a los del trabajo. Que es de donde más necesito desconectar y de donde más me interesa hacerlo. Entre otras cosas porque los fines de semana, en mi caso, siguen teniendo trabajo, pero del que (aunque soy muy quejica) me gusta, típico: organizar la compra, hacer recados, organizar la semana, la casa...

Pues bien, cuando llega el domingo a estas horas me siento con fuerzas,
es como la sensación de empezar de nuevo,
de empezar de cero, de quemar lo viejo y estrenar lo nuevo.
Tal vez, será que en el fondo soy optimista y siempre (o casi siempre) le doy una oportunidad a cada semana.

Me gustan los domingos, que no los domingueros ni el dominguerismo.
Me gusta (los domingos) comprar los periódicos y el pan y que el postre sea especial.
Me gustan los domingos porque el ritmo se ralentiza, las tiendas cierran y a veces hasta hay menos tráfico y menos ruido en la calle.
Me gustan los domingos.

jueves, 14 de febrero de 2008

¿enamorarse?

Hacer una entrada sobre el amor, en un día como hoy, seguramente es de lo más facilón.
Pero voy a aprovecharme.
Confieso que con este motivo, ya desde hace unos años, hacemos una cenita un grupo de amigos y leemos poesías y pasamos un rato estupendo, sin rayar nunca en la cursilería.
Este sábado nos toca, y este año es en mi casa.


¿Enamorarse?
¡Qué bonito!
Ese subidón de adrenalina, esa emoción, esa tontería...
El acto en sí mismo, el momento, el flechazo, el instante.
Luego ya no todo es igual, ya no es lo mismo.

¿Es cierto?
¿Es real?
Es tan puramente instántaneo...
Pero es básico e importante que así ocurra, es químico, es espiritual...

¿Enamorarse?
Conozco a personas que nunca se han enamorado y me dan una pena...
Recuerdo mi primer amor, mi primera emoción. Tenía diez años, y lo recuerdo perfectamente. He sido un poco precoz, pero he de confesar que es uno de los sentimientos (junto con mis otitis infantiles) que más me han hecho sentirme viva. Desde entonces hasta hoy me he enamorado unas cuantas veces.


Amores imposibles, amores imprudentes, amores soñados, amores reñidos, amores eternos.


El amor de hoy ¿y para siempre?
No lo sé.
Te quiero hoy y como mucho mañana, más no me pidas.
Así vamos para veinte.

miércoles, 13 de febrero de 2008

LIBERTAD SIN IRA

Ya he comentado más de una vez que me encanta la música, que es uno de los motores de mi vida. Pues bien, muchas veces, en diferentes circunstancias de esas de cada día me vienen a la cabeza canciones, sintonías, letras musicales...y a veces incluso las exteriorizo, aunque la verdad qué poco se canta. Me refiero a cantar en casa mientras se cocina o se hace cualquier cosa, o en la calle, o en el coche... Recuerdo de niña que en mi casa mi padre siempre estaba cantando (aún hoy lo sigue haciendo) y de ahí mi afán por los boleros, de escuchárselos a él, además he tenido la suerte de que lo hacía (hace) bien. Recuerdo cuando había reuniones familiares o con amigos de mis padres, que siempre se acaba cantando. Yo creo, que esto hoy se hace poco.

Últimamente me ronda a la cabeza la canción de "Libertad sin ira" de Jarcha, recuerdo oírsela cantar a mis hermanos y de cantarla yo también. Y me ha venido a la cabeza porque me siento últimamente como sin libertad. A ver si me explico bien, y sobre todo con libertad.
Es un sentimiento, por lo tanto legítimo.
Nadie me tiene atada, lógicamente, puedo entrar y salir, tengo libertad de movimientos, en realidad tengo libertad de todo, dentro de un límite, bueno eso es de perogrullo.
Pero no me siento libre, digamos sobre todo a la hora de expresarme e incluso de actuar.
Siempre he presumido de decir claramente lo que pienso y actuar en cada ocasión como me da la gana, literalmente. Pero últimamente siento que cuando opino o cuando hablo soy juzgada por si estoy en un lado o estoy en el otro. Y al final parece que hay que decantarse. Y yo no por estar en mi punto intermedio sino porque veo en cada parte sus razones. Entonces porqué tengo que ser tachada de esto o de lo otro. Pero es que me parece que se cuelgan muchas etiquetas. Es que me parece que hay muchos prejuicios. Y en el fondo me da igual, y por supuesto no me quita libertad, pero me hace no sentirme libre porque me da rabia que se me presuponga de algo antes y/o después de opinar,argumentar,debatir...Y sobre todo, y lo peor es si el hecho de hablar o de actuar va a hacer que alguien te juzgue y te la guarde y eso te pueda afectar en tu vida.
Y entonces llego a la conclusión de que quiero libertad, pero libertad sin ira.