Siempre me han gustado los domingos.
Sé que a la mayoría de la gente le deprimen.
Pues a mí no.
Me siento, sobre todo a estas horas de la noche, con energía.
Normalmente, se supone que he descansado el fin de semana. He dormido, y he recuperado horas de sueño. Y estoy realmente descansada. A mí el descanso físico me ayuda a ver las cosas más claras y mejor. El dormir, como digo yo, me carga pilas, me carga de energía.
Tengo la suerte de desconectar fácilmente, y el fin de semana me sirve para poner distancia a los problemas cotidianos de cada día, sobre todo a los del trabajo. Que es de donde más necesito desconectar y de donde más me interesa hacerlo. Entre otras cosas porque los fines de semana, en mi caso, siguen teniendo trabajo, pero del que (aunque soy muy quejica) me gusta, típico: organizar la compra, hacer recados, organizar la semana, la casa...
Pues bien, cuando llega el domingo a estas horas me siento con fuerzas,
es como la sensación de empezar de nuevo,
de empezar de cero, de quemar lo viejo y estrenar lo nuevo.
Tal vez, será que en el fondo soy optimista y siempre (o casi siempre) le doy una oportunidad a cada semana.
Me gustan los domingos, que no los domingueros ni el dominguerismo.
Me gusta (los domingos) comprar los periódicos y el pan y que el postre sea especial.
Me gustan los domingos porque el ritmo se ralentiza, las tiendas cierran y a veces hasta hay menos tráfico y menos ruido en la calle.
Me gustan los domingos.
domingo, 17 de febrero de 2008
jueves, 14 de febrero de 2008
¿enamorarse?
Hacer una entrada sobre el amor, en un día como hoy, seguramente es de lo más facilón.
Pero voy a aprovecharme.
Confieso que con este motivo, ya desde hace unos años, hacemos una cenita un grupo de amigos y leemos poesías y pasamos un rato estupendo, sin rayar nunca en la cursilería.
Este sábado nos toca, y este año es en mi casa.
¿Enamorarse?
¡Qué bonito!
Ese subidón de adrenalina, esa emoción, esa tontería...
El acto en sí mismo, el momento, el flechazo, el instante.
Luego ya no todo es igual, ya no es lo mismo.
¿Es cierto?
¿Es real?
Es tan puramente instántaneo...
Pero es básico e importante que así ocurra, es químico, es espiritual...
¿Enamorarse?
Conozco a personas que nunca se han enamorado y me dan una pena...
Recuerdo mi primer amor, mi primera emoción. Tenía diez años, y lo recuerdo perfectamente. He sido un poco precoz, pero he de confesar que es uno de los sentimientos (junto con mis otitis infantiles) que más me han hecho sentirme viva. Desde entonces hasta hoy me he enamorado unas cuantas veces.
Amores imposibles, amores imprudentes, amores soñados, amores reñidos, amores eternos.
El amor de hoy ¿y para siempre?
No lo sé.
Te quiero hoy y como mucho mañana, más no me pidas.
Así vamos para veinte.
Pero voy a aprovecharme.
Confieso que con este motivo, ya desde hace unos años, hacemos una cenita un grupo de amigos y leemos poesías y pasamos un rato estupendo, sin rayar nunca en la cursilería.
Este sábado nos toca, y este año es en mi casa.
¿Enamorarse?
¡Qué bonito!
Ese subidón de adrenalina, esa emoción, esa tontería...
El acto en sí mismo, el momento, el flechazo, el instante.
Luego ya no todo es igual, ya no es lo mismo.
¿Es cierto?
¿Es real?
Es tan puramente instántaneo...
Pero es básico e importante que así ocurra, es químico, es espiritual...
¿Enamorarse?
Conozco a personas que nunca se han enamorado y me dan una pena...
Recuerdo mi primer amor, mi primera emoción. Tenía diez años, y lo recuerdo perfectamente. He sido un poco precoz, pero he de confesar que es uno de los sentimientos (junto con mis otitis infantiles) que más me han hecho sentirme viva. Desde entonces hasta hoy me he enamorado unas cuantas veces.
Amores imposibles, amores imprudentes, amores soñados, amores reñidos, amores eternos.
El amor de hoy ¿y para siempre?
No lo sé.
Te quiero hoy y como mucho mañana, más no me pidas.
Así vamos para veinte.
miércoles, 13 de febrero de 2008
LIBERTAD SIN IRA
Ya he comentado más de una vez que me encanta la música, que es uno de los motores de mi vida. Pues bien, muchas veces, en diferentes circunstancias de esas de cada día me vienen a la cabeza canciones, sintonías, letras musicales...y a veces incluso las exteriorizo, aunque la verdad qué poco se canta. Me refiero a cantar en casa mientras se cocina o se hace cualquier cosa, o en la calle, o en el coche... Recuerdo de niña que en mi casa mi padre siempre estaba cantando (aún hoy lo sigue haciendo) y de ahí mi afán por los boleros, de escuchárselos a él, además he tenido la suerte de que lo hacía (hace) bien. Recuerdo cuando había reuniones familiares o con amigos de mis padres, que siempre se acaba cantando. Yo creo, que esto hoy se hace poco.
Últimamente me ronda a la cabeza la canción de "Libertad sin ira" de Jarcha, recuerdo oírsela cantar a mis hermanos y de cantarla yo también. Y me ha venido a la cabeza porque me siento últimamente como sin libertad. A ver si me explico bien, y sobre todo con libertad.
Es un sentimiento, por lo tanto legítimo.
Nadie me tiene atada, lógicamente, puedo entrar y salir, tengo libertad de movimientos, en realidad tengo libertad de todo, dentro de un límite, bueno eso es de perogrullo.
Pero no me siento libre, digamos sobre todo a la hora de expresarme e incluso de actuar.
Siempre he presumido de decir claramente lo que pienso y actuar en cada ocasión como me da la gana, literalmente. Pero últimamente siento que cuando opino o cuando hablo soy juzgada por si estoy en un lado o estoy en el otro. Y al final parece que hay que decantarse. Y yo no por estar en mi punto intermedio sino porque veo en cada parte sus razones. Entonces porqué tengo que ser tachada de esto o de lo otro. Pero es que me parece que se cuelgan muchas etiquetas. Es que me parece que hay muchos prejuicios. Y en el fondo me da igual, y por supuesto no me quita libertad, pero me hace no sentirme libre porque me da rabia que se me presuponga de algo antes y/o después de opinar,argumentar,debatir...Y sobre todo, y lo peor es si el hecho de hablar o de actuar va a hacer que alguien te juzgue y te la guarde y eso te pueda afectar en tu vida.
Y entonces llego a la conclusión de que quiero libertad, pero libertad sin ira.
Últimamente me ronda a la cabeza la canción de "Libertad sin ira" de Jarcha, recuerdo oírsela cantar a mis hermanos y de cantarla yo también. Y me ha venido a la cabeza porque me siento últimamente como sin libertad. A ver si me explico bien, y sobre todo con libertad.
Es un sentimiento, por lo tanto legítimo.
Nadie me tiene atada, lógicamente, puedo entrar y salir, tengo libertad de movimientos, en realidad tengo libertad de todo, dentro de un límite, bueno eso es de perogrullo.
Pero no me siento libre, digamos sobre todo a la hora de expresarme e incluso de actuar.
Siempre he presumido de decir claramente lo que pienso y actuar en cada ocasión como me da la gana, literalmente. Pero últimamente siento que cuando opino o cuando hablo soy juzgada por si estoy en un lado o estoy en el otro. Y al final parece que hay que decantarse. Y yo no por estar en mi punto intermedio sino porque veo en cada parte sus razones. Entonces porqué tengo que ser tachada de esto o de lo otro. Pero es que me parece que se cuelgan muchas etiquetas. Es que me parece que hay muchos prejuicios. Y en el fondo me da igual, y por supuesto no me quita libertad, pero me hace no sentirme libre porque me da rabia que se me presuponga de algo antes y/o después de opinar,argumentar,debatir...Y sobre todo, y lo peor es si el hecho de hablar o de actuar va a hacer que alguien te juzgue y te la guarde y eso te pueda afectar en tu vida.
Y entonces llego a la conclusión de que quiero libertad, pero libertad sin ira.
martes, 12 de febrero de 2008
¿LA VIDA ES BELLA?
Este fin de semana hemos visto en casa “La vida es bella”.
Creo que la elección ha sido un poco consciente, yo necesitaba verla. Y además mi hija se ha leído “El niño con el pijama de rayas”, yo también por cierto, pero del libro ahora no voy a opinar. El tema del holocausto, al menos mis hijos, lo tienen un poco borroso, han oído hablar pero les suena a chino. Y entendí que con motivo del libro era una buena ocasión para ver la película y además es una visión no demasiado dura, para mis hijos, en este caso.
Esta película, cuando la vi la primera vez no sabía lógicamente el final, recuerdo que sentía un cabreo durante la misma porque si por una parte admiraba la fuerza que tenía el padre, me cabreaba el porqué engañaba de esa forma a su hijo. Claro que cuando llega el final te das cuenta que a cambio de todo el “engaño” le salva la vida. Y desde luego, la capacidad de amar del padre es enorme. Su fuerza para endulzar a su hijo lo duro de la experiencia. Y tantas cosas que en la película se plasman.
Esta película me vino a la cabeza el otro día porque cuando yo comento algún problema con los amigos, compañeros…me dicen: “lo importante es que estés bien contigo misma, es tu paz interior”. Estas frases yo creo que estamos todos hartos de oírnoslas unos a otros. Es como una moda que hemos alcanzado hoy en día en que hemos rescatado al "yo", al "ego" y a la autoestima como base de nuestra vida. Y todo esto está muy bien, yo no lo niego, pero uno puede estar encantado consigo mismo, pero esque en ese "yo" es inevitable que entren los demás, porque no vivimos en una isla desierta. Entonces lo de "yo soy yo y mis circunstancias" es que es totalmente cierto. Porque digo yo, yo me puedo querer un montón, pero si tengo al lado a un hijoputa (con perdón) que todos los días me dice lo asquerosa, mala persona, etc…que soy, por mucha fuerza interior que yo tenga…y si en el trabajo a uno le va de pena. Y si los hijos te salen de pena…Sí, es verdad, que conozco a gente que teniendo unas circunstancias externas muy poco favorecedoras para la estabilidad interior (por eso me acordé yo de la película, en este caso) resulta que van con un halo de felicidad, o bueno sin llegar a tanto se las ve en paz. Y otras personas, son eternamente amargadas y parece que al menos externamente tienen circunstancias para ser felices.
Con lo cual, no sé si todo depende del autoengaño, del autoconformismo, de la autoaceptación, o simplemente de los genes, vamos, de lo que toda la vida hemos dicho carácter. Yo, siempre oía en casa decir, “ése, es que tiene muy buen carácter”.
En definitiva, la vida es bella o depende de nosotros. En realidad, no lo sé. A veces también me pregunto si yo a mis hijos les "engaño" para salvarles la vida.
Creo que la elección ha sido un poco consciente, yo necesitaba verla. Y además mi hija se ha leído “El niño con el pijama de rayas”, yo también por cierto, pero del libro ahora no voy a opinar. El tema del holocausto, al menos mis hijos, lo tienen un poco borroso, han oído hablar pero les suena a chino. Y entendí que con motivo del libro era una buena ocasión para ver la película y además es una visión no demasiado dura, para mis hijos, en este caso.
Esta película, cuando la vi la primera vez no sabía lógicamente el final, recuerdo que sentía un cabreo durante la misma porque si por una parte admiraba la fuerza que tenía el padre, me cabreaba el porqué engañaba de esa forma a su hijo. Claro que cuando llega el final te das cuenta que a cambio de todo el “engaño” le salva la vida. Y desde luego, la capacidad de amar del padre es enorme. Su fuerza para endulzar a su hijo lo duro de la experiencia. Y tantas cosas que en la película se plasman.
Esta película me vino a la cabeza el otro día porque cuando yo comento algún problema con los amigos, compañeros…me dicen: “lo importante es que estés bien contigo misma, es tu paz interior”. Estas frases yo creo que estamos todos hartos de oírnoslas unos a otros. Es como una moda que hemos alcanzado hoy en día en que hemos rescatado al "yo", al "ego" y a la autoestima como base de nuestra vida. Y todo esto está muy bien, yo no lo niego, pero uno puede estar encantado consigo mismo, pero esque en ese "yo" es inevitable que entren los demás, porque no vivimos en una isla desierta. Entonces lo de "yo soy yo y mis circunstancias" es que es totalmente cierto. Porque digo yo, yo me puedo querer un montón, pero si tengo al lado a un hijoputa (con perdón) que todos los días me dice lo asquerosa, mala persona, etc…que soy, por mucha fuerza interior que yo tenga…y si en el trabajo a uno le va de pena. Y si los hijos te salen de pena…Sí, es verdad, que conozco a gente que teniendo unas circunstancias externas muy poco favorecedoras para la estabilidad interior (por eso me acordé yo de la película, en este caso) resulta que van con un halo de felicidad, o bueno sin llegar a tanto se las ve en paz. Y otras personas, son eternamente amargadas y parece que al menos externamente tienen circunstancias para ser felices.
Con lo cual, no sé si todo depende del autoengaño, del autoconformismo, de la autoaceptación, o simplemente de los genes, vamos, de lo que toda la vida hemos dicho carácter. Yo, siempre oía en casa decir, “ése, es que tiene muy buen carácter”.
En definitiva, la vida es bella o depende de nosotros. En realidad, no lo sé. A veces también me pregunto si yo a mis hijos les "engaño" para salvarles la vida.
viernes, 8 de febrero de 2008
IMPOTENCIA
Qué rabia me da que me den la vuelta a la tortilla.
Qué rabia la perversión del lenguaje.
Qué difícil expresar en palabras o en quejas aquello que sutilmente alguien hace en tu propia cara o a tus espaldas. Da igual porque no se puede testimoniar, no se puede exteriorizar. Es que se te presenta esa situación y te la comes con patatas. Sólo quedan (y menos mal) los amigos y hasta el blog para poder desahogarse y manifestar la impotencia.
¡Ay los pequeños detalles...!, son los más grandes.
Una mirada por ejemplo, una mirada limpia esque llena el interior de paz, pero una mala mirada penetra y llega como un mal rayo hasta las tripas.
Son ésos, los pequeños gestos ,que llenan nuestra vida o la vacían por completo.
Yo, tengo la suerte o desgracia de reconocerme muy sensible e intuitiva y esas cosas que están ahí, cada día, son las que son de agradecer o las que te amargan la vida, sin más.
¿Porqué, cuando alguna vez me quejo o expongo mi argumento, viene el de turno y me hace sentir que en vez de ofendida soy la ofensora y me pretende dar la vuelta a la tortilla?
Esque esto me pasa muy habitualmente.
A veces lo achaco a que soy poco prudente, o poco inteligente y no sé decir las cosas o no sé elegir el momento para hacerlo. Pero me sube una fuerza hacia la boca como si fuera una náusea y esque vomito palabras en vez de decirlas.
¿Por qué siendo por ejemplo, más lista que otra persona, la otra persona me hace sentirme más tonta y lo peor, me hace parecerlo? (el ejemplo denota mi falta de humildad, pido disculpas).
No sé, a veces, creo sentirme estúpida y volverme hasta tarumba.
Porqué a algo que es injusto, se lo cubre y se lo forra con celofan de colores para que parezca un regalo, y se lo acaba llamando incómodo como mucho, por ejemplo. Si es injusto es injusto. Sí,sí, mucho ordenador, mucho internet, mucha google, pero la mayoría de la gente no sabe el significado auténtico de las palabras. Esque se ha deformado todo tanto, que la realidad a veces deforma al concepto y lo que es de una manera acaba siendo de otra porque todo el mundo piensa eso.
Y porqué sólo entendemos a aquellos que les ocurre aquello que a nosotros nos pasó esa vez. Es que aplicamos la empatía como si fuera simpatía, que no sé si es lo mismo. Ponernos en el lugar del otro creo que nos cuesta.
En días como hoy, pienso que las personas somos muy débiles. Porque, unos por unos motivos y otros por otros, siento que hay como un escaqueo general, un desencanto, una desmotivación, un egoísmo, un "quítate tú para ponerme yo", un "¿qué hay de lo mío?" y sientes como que estás en una selva y es sólo la impotencia la que sale a flote. Y piensas, y te preguntas si es que no estás todavía preparada para vivir en ella (ya es hora) o te has olvidado de aplicar alguna lección que te enseñaron de niña. Mejor dicho es que las lecciones que a mi me enseñaron son las que creo, son las que me sé, pero al aplicarlas es cuando me doy cuenta...de lo buenos que son mis padres.
Qué rabia la perversión del lenguaje.
Qué difícil expresar en palabras o en quejas aquello que sutilmente alguien hace en tu propia cara o a tus espaldas. Da igual porque no se puede testimoniar, no se puede exteriorizar. Es que se te presenta esa situación y te la comes con patatas. Sólo quedan (y menos mal) los amigos y hasta el blog para poder desahogarse y manifestar la impotencia.
¡Ay los pequeños detalles...!, son los más grandes.
Una mirada por ejemplo, una mirada limpia esque llena el interior de paz, pero una mala mirada penetra y llega como un mal rayo hasta las tripas.
Son ésos, los pequeños gestos ,que llenan nuestra vida o la vacían por completo.
Yo, tengo la suerte o desgracia de reconocerme muy sensible e intuitiva y esas cosas que están ahí, cada día, son las que son de agradecer o las que te amargan la vida, sin más.
¿Porqué, cuando alguna vez me quejo o expongo mi argumento, viene el de turno y me hace sentir que en vez de ofendida soy la ofensora y me pretende dar la vuelta a la tortilla?
Esque esto me pasa muy habitualmente.
A veces lo achaco a que soy poco prudente, o poco inteligente y no sé decir las cosas o no sé elegir el momento para hacerlo. Pero me sube una fuerza hacia la boca como si fuera una náusea y esque vomito palabras en vez de decirlas.
¿Por qué siendo por ejemplo, más lista que otra persona, la otra persona me hace sentirme más tonta y lo peor, me hace parecerlo? (el ejemplo denota mi falta de humildad, pido disculpas).
No sé, a veces, creo sentirme estúpida y volverme hasta tarumba.
Porqué a algo que es injusto, se lo cubre y se lo forra con celofan de colores para que parezca un regalo, y se lo acaba llamando incómodo como mucho, por ejemplo. Si es injusto es injusto. Sí,sí, mucho ordenador, mucho internet, mucha google, pero la mayoría de la gente no sabe el significado auténtico de las palabras. Esque se ha deformado todo tanto, que la realidad a veces deforma al concepto y lo que es de una manera acaba siendo de otra porque todo el mundo piensa eso.
Y porqué sólo entendemos a aquellos que les ocurre aquello que a nosotros nos pasó esa vez. Es que aplicamos la empatía como si fuera simpatía, que no sé si es lo mismo. Ponernos en el lugar del otro creo que nos cuesta.
En días como hoy, pienso que las personas somos muy débiles. Porque, unos por unos motivos y otros por otros, siento que hay como un escaqueo general, un desencanto, una desmotivación, un egoísmo, un "quítate tú para ponerme yo", un "¿qué hay de lo mío?" y sientes como que estás en una selva y es sólo la impotencia la que sale a flote. Y piensas, y te preguntas si es que no estás todavía preparada para vivir en ella (ya es hora) o te has olvidado de aplicar alguna lección que te enseñaron de niña. Mejor dicho es que las lecciones que a mi me enseñaron son las que creo, son las que me sé, pero al aplicarlas es cuando me doy cuenta...de lo buenos que son mis padres.
miércoles, 6 de febrero de 2008
SÍ, DÍGAME

¿Hemos aprendido a usar el teléfono?
¿Hemos aprendido a hablar por teléfono?
¿Sabemos identificarnos en dicho aparato?
Por ejemplo, en el trabajo, no sé si por desgracia o no, este es un medio de comunicación muy usual en mi puesto , y a lo largo de los años he observado, y precisamente mis interlocutores no son gente inculta, lo mal que se expresa la gente cuando habla por teléfono. Al descolgar el auricular... dan por sentado que el que está en el otro lado (en este caso yo) sabe con quien está hablando y para qué está llamando el del otro lado. Y hablan con una como si se tratara de su hermana, su mejor amiga o su mujer; y cuando no, como si se tratara del ser más tonto de la faz de la tierra. En ese momento es cuando mi yo más pedante interviene dejando caer al interlocutor la razón de su llamada, indicándole si sabe lo qué quiere, a dónde está llamando y sobre todo preguntándole su identificación, que después de casi un minuto de conversación la que suscribe no lo sabe. A partir de ahí, empezamos de cero.
Y cuando, estoy en casa sobre todo después de comer, cabeceando en el sofá, mi momento más ritual de todo el día, mi soledad, mi descanso...y se le ocurre a una vendedora argentina (no tengo nada contra ellos que conste, pero suelen ser argentinas) preguntarme si me interesa algún servicio de los que me ofrece...sapos y culebras salen de mi boca.
Y cuando, estás con alguien tomando un café en plena conversación, superagusto, y le llaman al móvil y entonces se te queda cara de gilipollas, y con quien estás que se supone que es un amigo abandona la conversación y el rato de intimidad ¡para hablar con un tercero!...sapos y culebras salen de mi boca. Y cuando vuelve a lo mejor me dice: "¿en qué nos habíamos quedado?" Recuerdo una vez cenando en un restaurante que había una pareja enfrente de mí (no sé qué relación tendrían) pero ella estuvo casi tres cuartos de hora, sin exagerar, hablando por el móvil, yo me preguntaba: "¿no sería más fácil que estuviera cenando con la persona con la que está hablando por el móvil?", aunque si así fuese, entonces llamaría por teléfono a la persona con la que estaba cenando.
Y cuando uno va paseando tranquilamente, o está en cualquier lugar y de repente alguien vocea por la calle, que se supone que es una conversación ¿íntima? y te estás enterando de todo, no sólo tú sino todos los que están alrededor.
Y a la gente le da igual estar en el supermercado, en plena caja por ejemplo y hablar con el interlocutor de turno. Y se llevan el móvil a todas partes ( he visto a la gente ir a mear con el móvil) como si se tratara de oxígeno para respirar y cada dos por tres lo sacan para ver si alguien se ha acordado de ellos. Pero ¡Dios!, ¿y el que está a tu lado? es que es más importante el que te llama que el que está presente. A veces, he llegado a pensar que hay gente que hace que habla pero en realidad no lo hace, como si fuera una pose.
A ver si inventan lo mismo que el día sin tabaco, el día sin ....EL DÍA SIN MÓVIL.
martes, 5 de febrero de 2008
MI ENTRADA NÚMERO 47
Se supone que hoy puedo celebrar algo, ésta es mi entrada cuarenta y siete, ya lo sé no es mi entrada cincuenta que sería más normal, pero este número me gusta.
Llevo dos meses y pico en esto.
Me gusta, me obliga a ponerme las pilas, creo que esto ya lo he comentado alguna otra vez.
No tengo ningún método, no tengo ningún fin.
Es más, no sé hasta dónde llegaré y hasta cuándo aguantaré.
Lo que sí quiero es ser libre.
Ser yo en mi blog.
Transmitir, no sé si lo consigo, mi alegría en ciertos momentos, mi tristeza en otros, mi mala leche, mi carácter. Mis "valores" (es que no me gusta este concepto) de libertad, de naturalidad, de transparencia; de querer vivir, en definitiva.
A día de hoy me sigo preguntando quien me ha traído hasta aquí (me refiero al blog) y por cierto no puedo evitar acordarme del último libro de Óscar Esquivias, "Viene la noche", por el tema de los paréntesis, y es que yo creo que abuso de ellos como Benjamín. Aprovecho para comentar que he pasado unos ratos muy agradables y que el libro me ha encantado. Es sencillo y además me he reído mucho. Ahora he cogido "La suite francesa" que como muchos otros libros le dejé a medias, y espero volver a retomarlo.
Lo mío con los libros es de poca fidelidad, como no me enganchen les dejo por otro, pero al paso del tiempo me entra el gusanillo y vuelvo a intentarlo. Ellos siempre están ahí esperando a que yo los coja.
Y bueno, he pasado de un tema a otro.
Estoy escribiendo tal cual, según me viene a la cabeza.
En una tarde de martes de carnaval. Recuerdo en tiempos ir una noche como la de hoy al entierro de la sardina y vestirme de viuda, y llorar y llorar, era divertido. Pero, creo que hoy no voy a estar por la labor. El espíritu me llama, pero mi cuerpo me dice: "qué a gustito se está en casa, deja, deja", ya lo sé, me estoy haciendo mayor.
Mi hija está estudiando y me toca en diez minutos preguntarle un tema que trata de los voltios y todo eso, "uf". Luego cenaremos en familia, y leeré un poco. Y así, habrá pasado un cinco de febrero, que por cierto es Santa Agueda, las mujeres en un día como hoy en muchos pueblos toman el mando. Esta noche brindaré por las Aguedas y por mi entrada cincuenta en mi copa de vino.
Gracias a los que me dáis ánimos a seguir, y sobre todo a Pedro, Javier, Ana, y a los comentaristas que suelen entrar de vez en cuando Pancho, Bipolar, Perla, Francisco, Blogófago y a todos los que me leen y no se atreven a comentar...
Gracias a todos y a por otras cuarenta y siete...
Llevo dos meses y pico en esto.
Me gusta, me obliga a ponerme las pilas, creo que esto ya lo he comentado alguna otra vez.
No tengo ningún método, no tengo ningún fin.
Es más, no sé hasta dónde llegaré y hasta cuándo aguantaré.
Lo que sí quiero es ser libre.
Ser yo en mi blog.
Transmitir, no sé si lo consigo, mi alegría en ciertos momentos, mi tristeza en otros, mi mala leche, mi carácter. Mis "valores" (es que no me gusta este concepto) de libertad, de naturalidad, de transparencia; de querer vivir, en definitiva.
A día de hoy me sigo preguntando quien me ha traído hasta aquí (me refiero al blog) y por cierto no puedo evitar acordarme del último libro de Óscar Esquivias, "Viene la noche", por el tema de los paréntesis, y es que yo creo que abuso de ellos como Benjamín. Aprovecho para comentar que he pasado unos ratos muy agradables y que el libro me ha encantado. Es sencillo y además me he reído mucho. Ahora he cogido "La suite francesa" que como muchos otros libros le dejé a medias, y espero volver a retomarlo.
Lo mío con los libros es de poca fidelidad, como no me enganchen les dejo por otro, pero al paso del tiempo me entra el gusanillo y vuelvo a intentarlo. Ellos siempre están ahí esperando a que yo los coja.
Y bueno, he pasado de un tema a otro.
Estoy escribiendo tal cual, según me viene a la cabeza.
En una tarde de martes de carnaval. Recuerdo en tiempos ir una noche como la de hoy al entierro de la sardina y vestirme de viuda, y llorar y llorar, era divertido. Pero, creo que hoy no voy a estar por la labor. El espíritu me llama, pero mi cuerpo me dice: "qué a gustito se está en casa, deja, deja", ya lo sé, me estoy haciendo mayor.
Mi hija está estudiando y me toca en diez minutos preguntarle un tema que trata de los voltios y todo eso, "uf". Luego cenaremos en familia, y leeré un poco. Y así, habrá pasado un cinco de febrero, que por cierto es Santa Agueda, las mujeres en un día como hoy en muchos pueblos toman el mando. Esta noche brindaré por las Aguedas y por mi entrada cincuenta en mi copa de vino.
Gracias a los que me dáis ánimos a seguir, y sobre todo a Pedro, Javier, Ana, y a los comentaristas que suelen entrar de vez en cuando Pancho, Bipolar, Perla, Francisco, Blogófago y a todos los que me leen y no se atreven a comentar...
Gracias a todos y a por otras cuarenta y siete...
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